Mozilla, la organización sin ánimo de lucro conocida por su navegador Firefox y su defensa de un internet abierto, está preparándose para una nueva batalla contra los gigantes de la industria. Tras haberse enfrentado en el pasado a Microsoft y Google en la guerra de los navegadores, su presidente, Mark Surman, está orquestando lo que él mismo denomina una «alianza rebelde». El objetivo es claro: crear un contrapeso al inmenso poder acumulado por empresas como OpenAI y Anthropic en el sector de la inteligencia artificial.

Según informa la CNBC, Mozilla planea utilizar sus reservas, valoradas en aproximadamente 1.400 millones de dólares, para financiar y apoyar a una red de startups tecnológicas y desarrolladores enfocados en la transparencia y la seguridad. A través de su fondo Mozilla Ventures, la entidad busca promover alternativas de código abierto que no sigan la lógica de «el ganador se lo lleva todo» que impera actualmente en Silicon Valley.
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El desafío es mayúsculo. Aunque la cifra de inversión de Mozilla es considerable, palidece en comparación con los recursos de sus rivales. OpenAI, ahora con una valoración de 500.000 millones de dólares y el respaldo de Microsoft, y Anthropic, valorada en 350.000 millones, juegan en una liga financiera completamente distinta, gastando decenas de miles de millones al año en infraestructura y centros de datos.
Mozilla prepara una batalla tecnológica y política
La estrategia de Mozilla no solo enfrenta obstáculos económicos, sino también políticos. La administración Trump, con figuras como David Sacks supervisando la política de IA, ha criticado abiertamente lo que llaman «IA woke» y aboga por una desregulación que favorezca la velocidad de desarrollo frente a China. En este contexto, la visión de una IA gobernada y ética que propone Mozilla navega a contracorriente de la agenda oficial de Washington.
La «alianza» incluye inversiones en empresas como Oumi, Trail y Transformer Lab, que trabajan en gobernanza y herramientas de entrenamiento de modelos abiertos. Aunque algunos fundadores de estas startups se muestran cautelosos con la etiqueta de «rebeldes» para no cerrarse puertas en la industria, coinciden en la necesidad de evitar que el futuro de la tecnología quede en manos de un duopolio.
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Surman admite que es una apuesta a largo plazo, con la esperanza de que para 2028 el ecosistema de IA de código abierto sea una alternativa viable y convencional para los desarrolladores.